martes, 26 de abril de 2016

El gran tinglado

El sistema de globalización neoliberal nos ha llevado a una situación en la que la ciudadanía se encuentra completamente secuestrada. Hay un jugoso negocio que está lucrando a un reducido grupo de individuos denominado Deuda Externa. Los paises no realizan sus actividades en base a la contribución de la ciudadanía, de los impuestos, que no es otra cosa que la parte proporcional de la riqueza que generan. No, se mantienen del dinero prestado por entidades externas, especuladores.



Los especuladores compran Deuda Externa de países, de esta manera prestan dinero a un interés que se establece en base a factores completamente especulativos, la confianza que genera ese país, confianza que ellos mismos establecen. Creando un negocio muy lucrativo, y sangrando a los habitantes de países a los que prestan su dinero. Se permiten influir directamente en las políticas de dichos países, el empleo, el destino de los impuestos, a fin de asegurar que van a cobrar el dinero prestado y los intereses. Los países, por tanto, se han convertido en máquinas de generar dinero, un dinero globalizado.

Las consecuencias de todo esto las estamos viviendo. Paro, precariedad laboral, falta de recursos para dotar los servicios esenciales, pobreza. Ante esto se alzan voces denunciando la situación y planteando salir de esta espiral. Romper con los mercados financieros, auditar la deuda, y toda una serie de propuestas encaminadas a romper con esta macabra dinámica. Un amplio sector de la ciudadanía entiende que este camino es el correcto. El camino no es fácil, está claro, pero es necesario. Es imposible, para un amplio sector de la gente, continuar así. Además, la situación tiende a empeorar, pues ningún parasito se sacia hasta que no acaba con la víctima.

Pero, ante esta "rebeldía", surgen las voces del miedo. Se nos dice, que cualquier movimiento que lleve al país a salirse del camino marcado, supondrá la retirada de la confianza de los inversores y, por tanto abandonarnos a nuestra suerte. Es una situación de extorsión en toda regla. Te estoy explotando, te estoy chupando la sangre, el fruto de tu esfuerzo te lo estoy robando y te estoy llevando a la pobreza y la miseria, pero si te rebelas, la situación va a ser muchísimo peor. Y lo peor, es que es cierto. Hemos visto que esto ha sucedido en Grecia, como la ciudadanía dijo basta y emprendió el camino de la rebeldía, un país, mas ahogado que el nuestro y con una situación completamente desesperada, en un auténtico callejón sin salido. Y vimos como los parásitos consiguieron doblegarles.

Vivimos por tanto en un secuestro. Nos explotan, nos extorsionan, nos sangran. Pero parece que nada se puede hacer, salvo seguir la corriente y esperar que no nos vaya individualmente demasiado mal. Pero no es cierto, se puede y se debe hacer. Pero se debe romper por completo con el sistema neoliberal. Se cuenta con los recursos necesarios para poder mantenernos. Contamos con la fuerza productora suficiente para vivir. Lo principal es procurarnos alimento, vestido y techo. Y no vivimos faltos de los recursos ni naturales ni humanos para hacerlo. Podemos procurarnos los servicios esenciales para mantener una calidad de vida digna, servicios sanitarios, educación, infraestructuras. Generamos riqueza diariamente, pero esa riqueza se nos arrebata. Dedicamos esfuerzos y recursos en producir falsa riqueza, al servicio de la especulación. Esos esfuerzos, esos recursos, empleados convenientemente y redistribuida la riqueza generada de forma racional, nos permitirá vivir dignamente. A buen seguro, mucho más dignamente a como lo hacemos actualmente.

Está claro que la ruptura con el sistema no va a ser gratuita, ni fácil, que pagaremos caros costes por ello, que supondrá un duro esfuerzo individual y colectivo. Pero es la única salida al actual orden de las cosas. A medio plazo, para la mayoría de las personas, la situación será mucho más favorable. Los únicos que tienen que perder, son aquellos que viven en el lujo gracias al orden actual, aquellos que participan de una forma u otra de este orden establecido. Los parásitos, aquellos que se niegan a doblar el lomo para procurarse el sustento, y mucho menos para generar riqueza colectiva, y que han elegido la vía de vivir a costa del esfuerzo del resto. Está claro que trataran de frenar cualquier rebeldía. Lo hemos visto, sabemos lo grande que es su poder. Porque, si en algún rincón del mundo, logran romper las cadenas, tener por seguro que el resto de ciudadanos, del resto de países seguirán el ejemplo. Por tanto, trataran de impedirlo por todos los medios.

La única salida por tanto es la ruptura total del sistema, la única salida se llama socialismo